El Contagio emocional.

 

El contagio emocional entre perros y humanos.

El contagio emocional, el reflejo de estados emocionales o de excitación entre individuos, se ve comúnmente entre las especies que viven en grupo, como una sincronización de respuestas de estrés agudo.

Los animales sociales, al pasar tiempo juntos, están continuamente expuestos a factores estresantes compartidos que podrían afectar a diferentes individuos de manera similar. El contagio emocional no solo ocurre dentro de una especie, también se ha demostrado que ocurre entre especies, como por ejemplo entre perros y humanos. (Long-term stress levels are synchronized in dogs and their owners. Ann-Sofie Sundman et al. 2019)

Hoy en día, la mayoría de perros viven como animales de compañía, compartiendo el entorno y la vida cotidiana de sus dueños humanos.

contagio emocional

El hecho de que el estrés a corto plazo parezca contagioso entre los perros y los dueños y que los perros compartan la vida cotidiana de sus dueños podría conducir a una sincronización interespecífica de la hormona del estrés a largo plazo.

Otro estudio interesante sugiere que el rasgo de ansiedad de los propietarios está asociado, en cierta medida, con la aparición del miedo en los perros y problemas de comportamientos relacionados con la ansiedad, en la medida que los perros exhiben un rasgo empático con sus propietarios.

Los perros pueden responder a sus dueños con ansiedad directamente a través del contagio emocional. (Evaluation of mediating and moderating effects on the relatiomship between owners and dogs anxiety: a tool to understand a complex problem. María Pereira et al. 2019.)

Sabemos que el estrés es una de las causas principales de casi la mayoría de problemas de conducta canina, y que a su vez el contagio emocional también puede ser un factor determinante en este sentido según el grado de empatía que el animal muestre para con su propietario.

El contagio emocional

Psicología animal.

Los principios derivados del estudio científico de la psicología animal y humana se aplicaron por primera vez al tratamiento de los problemas de comportamiento canino entre mediados y fines de la década de 1970. Antes de ese momento, el perro problemático era visto en gran medida como el producto de la falta de autoridad, disciplina y control por parte de su dueño.

Cuando la excéntrica entrenadora de perros, Bárbara Woodhouse, anunció en la televisión pública “que no había perros malos, solo dueños malos”, solo dio voz a un estereotipo popularmente aceptado: el del dueño permisivo, demasiado indulgente con una mascota rebelde y de mal comportamiento. (Owner characteristics and interactions and the prevalence of canine behaviour problems. Andrew Jagoe et al. 1996).

El contagio emocional

En definitiva, la idea popular de que los dueños de perros suelen ser responsables de alguna manera de los problemas de comportamiento de sus animales, la evidencia científica es escasa y contradictoria. Algunos estudios no han podido detectar ningún vínculo entre la calidad de la relación propietario-perro y la aparición de problemas de comportamiento, mientras que otros sugieren que algunos problemas de comportamiento pueden estar asociados con ciertos aspectos de la personalidad, las actitudes y/o el comportamiento del propietario.

Rafael Zacher
Adiestrador y educador canino.
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el contagio emocional

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Perros y lobos

Perros y lobos: Sabes que tu perro entiende lo esencial cuando señalas y dices: “ve a buscar la pelota”, y con la lengua fuera y expresión de pura felicidad, corre directamente hacia ella. Esta habilidad para comprender las directrices o los gestos humanos puede resultar poco impresionante, sin embargo, por acostumbrados que estemos a observar comportamientos de esta índole en nuestros canes, se trata de una habilidad cognitiva compleja bastante inusual en el reino animal. Sin ir más lejos, nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, no pueden hacerlo. Y el pariente más cercano de los perros, el lobo, tampoco. Se trata de una de las principales conclusiones de un nuevo estudio llevado a cabo por científicos de la universidad de Duke y que bajo el título Cooperative Communication with Humans Evolved to Emerge Early in Domestic Dogs, se publica esta semana en la revista Current Biology.

Después de compartir la vida con ellos durante más de 14.000 años, los Homo sapiens han provocado algo curioso en la mente de los perros. Y es que nuestros amigos caninos hacen gala de lo que se conoce como habilidades de “la teoría de la mente”, o lo que es lo mismo, habilidades cognitivas que les permiten inferir lo que los humanos están pensando o sintiendo en algunas situaciones. Así, el estudio, una comparación de 44 cachorros de perro y 37 de lobo de entre 5 y 18 semanas de edad, respalda la idea de que la domesticación no solo cambió la apariencia de los perros, sino también sus mentes.

La investigación ha sido llevada a cabo en el Centro para las Ciencias de la Vida Silvestre de Minnesota, donde en primera instancia casi cuatro decenas de cachorros de lobo pasaron por primera vez por un examen genético para tener la certeza que estos no fueran híbridos entre lobos y sus parientes, los canes.

Los cachorros de lobo fueron criados con mucha interacción humana: fueron alimentados con las manos; durmieron en las camas de sus cuidadores cada noche y recibieron atención humana durante las casi 24 horas del día desde pocos días después de su nacimiento. Por el contrario, los cachorros de perro estudiados, procedentes de la organización sin ánimo de lucro Canine Companions for Independence, pasaron el tiempo con su madre, sus compañeros de camada y mantuvieron un contacto humano mucho menos acusado.

Mentes caninas

Más tarde se puso a prueba el comportamiento de ambos grupos de cánidos. Por ejemplo, en un experimento, los investigadores escondieron una golosina en uno de dos tazones para luego dar a cada cachorro de perro o lobo una pista que le ayudara a encontrar la comida. En algunos ensayos, los investigadores señalaron y miraron en la dirección en la que se ocultaba la comida. En otros, colocaron un pequeño bloque de madera al lado del lugar correcto, un gesto que los cachorros nunca habían visto antes, para mostrarles dónde estaba escondida la golosina.

Los resultados fueron sorprendentes. Incluso sin un entrenamiento específico, los cachorros de perro de tan solo ocho semanas de edad entendían a dónde ir. Así los perros obtuvieron el doble de probabilidades de hacerlo bien que los cachorros de lobo de la misma edad que habían pasado mucho más tiempo con personas. Los datos se muestran incontestables: 17 de los 31 cachorros de perro fueron inequívocamente al cuenco correcto. En contraste, ninguno de los 26 cachorros de lobo criados por humanos lo hizo mejor que una suposición aleatoria.

Los perros y la hipótesis de la domesticación

Según las palabras de la investigadora, otro comportamiento bastante descriptivo de las diferencias entre ambas especies radica en que cuando se les presentaba comida dentro de un recipiente sellado para hacerlo inaccesible, los cachorros de lobo generalmente intentaban resolver el problema por sí mismos, mientras que los cachorros de perro pasaban más tiempo buscando ayuda en las personas, mirándolos a los ojos como diciendo: “estoy atascado, ¿puedes ayudarme con esto?”,

Por su parte, el director de la investigación, Brian Hare, profesor de antropología evolutiva en la universidad de Duke y experto en cognición animal, explica que el estudio de Salomons ofrece algunas de las pruebas más sólidas hasta ahora de lo que se conoce como la “hipótesis de la domesticación”.

En algún momento entre hace 12.000 y 40.000 años, mucho antes de que los perros aprendieran a acercarse a las personas, lobos y perros compartieron un antepasado en común. Cómo esos depredadores tan temidos y odiados se transformaron en el mejor amigo del hombre sigue siendo un misterio. Pero una teoría para explicarlo postula que cuando los humanos y los lobos se conocieron, solo los lobos más amigables habrían sido tolerados por los primeros, consiguiendo acercarse lo suficiente como para carroñear entre las sobras de los humanos en lugar de huir. Mientras que los lobos más tímidos y los más hoscos pudieron haber pasado hambre, aquellos más amigables sobrevivieron transmitiendo los genes que los hacían menos temerosos de los humanos y también menos agresivos.

La teoría defiende que esta especie de relación se extendió generación tras generación, hasta que por una suerte de selección -el que suscribe estas líneas no sabría decir si natural o artificial- los descendientes del lobo se convirtieron en maestros en medir las intenciones de las personas con las que interactuaban, descifrando sus gestos y señales sociales. Al respecto, Hare plantea que “este estudio realmente evidencia de manera sólida que el genio social de los perros es producto de la domesticación”. Esta es la habilidad que hace que los perros sean unos animales tan serviciales. Es algo para lo que realmente nacieron preparados”, añade.

“Al igual que los bebés humanos, los cachorros de perro interpretan intuitivamente que cuando una persona señala un objeto o lugar, está tratando de decirles algo, mientras que los cachorros de lobo no lo hacen. Creemos que esto es un indicador realmente importante de la cognición social por la que un perro entiende que con las señales están tratando de ayudarle”, explica el investigador. “Definitivamente, los perros nacen con esta capacidad innata de comprender que nos estamos tratando de comunicar con ellos y cooperar”, sentencia Salomons por su parte.

Fuente: National Geographic España.

Perros y lobos.

 

Perros

Perros: Ya desde la prehistoria se han documentado casos de asociación entre estos mamíferos descendientes del lobo y el ser humano. Cuando el hombre se dio cuenta de que podía ser un compañero de caza muy eficaz se creó una relación que ha evolucionado hasta la actualidad. Se cree que esta domesticación se produjo en Europa hace entre 20.000 y 40.000 años, a finales del Neolítico, dando lugar a la especie que hoy conocemos como Canis Lupus familiaris. 

Pese a que todos los perros actuales tienen un antepasado común, hoy en día se conocen alrededor de 800 razas distintas con tamaños y fisonomías muy diferentes y originadas a partir de la selección artificial por parte de los seres humanos. A pesar de que no cuentan con un gran sentido de la vista, tienen muy buen oído y el sentido del olfato muy desarrollado, siendo esta la herramienta que define sus mejores cualidades como cazador o rastreador, pero también su capacidad de socialización reconociendo olores familiares.   Las hembras pasan el celo dos veces al año, su periodo de gestación dura un poco más de dos meses y suelen tener camadas de entre 8 y 12 crías. A pesar de que su esperanza de vida está entre los 12 y los 15 años, hay algunos que pueden alcanzar los 20 años.

Fuente: National Geographic España.

Blog.

Los perros pequeños surgieron hace 12.000 años.

white and brown long coated puppy macroshot photography

Los perros domésticos pequeños surgieron en Oriente Medio hace al menos 12.000 años como resultado de la domesticación de los lobos grises (Canis lupus). Para llegar a esta conclusión, Melissa Gray y Robert Wayne, de la Universidad de California, han identificado las variaciones de un gen llamado IGFq que está asociado con la talla del can. “Nuestros resultados muestran que la versión del gen IGF1 hallada en perros pequeños está estrechamente relacionada con la encontrada en los lobos de Oriente Medio”, sostiene Gray, lo que confirma que estas razas domesticadas tuvieron su origen en esta zona.

La selección artificial de los perros de reducido tamaño habría comenzado en el territorio que hoy ocupa Iraq?. El pequeño tamaño sería más deseable en sociedades agrícolas en las que los perros pasaban mucho tiempo en las viviendas y en espacios confinados, afirman los autores del estudio en la revista BMC Biology.

La domesticación artificial de algunos animales de corral y de los gatos tuvo lugar también entre 12.000 y 8.000 años atrás. Sin embargo los perros grandes podrían ser una excepción, ya que se han encontrado evidencias de que canes de gran tamaño convivieron con nuestros antepasados al menos 5.000 años antes, cuando los humanos eran aún cazadores y nómadas.

Fuente: Elelna Sanz (Revista Muy Interesante) 25/02/2010

La hormona del amor tiene el mismo efecto en los perros que en los humanos.

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Está demostrado que la oxitocina, llamada “hormona del amor”, hace que los seres humanos nos volvamos más generosos, confiados y sociales. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Emory en Atlanta (EE.UU) ha descubierto que esta hormona tiene también el mismo efecto en muchas especies de mamíferos, como los perros.

Para averiguarlo, contaron con la participación de 16 perros de más de 1 año de edad, con sus correspondientes dueños. Los científicos rociaron el hocico de algunos perros con oxitocina y a otros con una solución salina. Posteriormente los caninos fueron llevados a una habitación en la que se encontraban sus dueños. Previamente, los expertos habían pedido a sus dueños que ignoraran cualquier caricia o saludo de su perro.

Los investigadores descubrieron que los perros que habían sido rociados con oxitocina eran más propensos a oler, lamer o dar la pata a sus dueños que los que recibieron la solución salina. De la misma forma, también pasaban mucho más tiempo mirándolos a los ojos que los perros que no habían recibido el aerosol de oxitocina.

El estudio, que ha sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, revela que la oxitocina no sólo se produce entre los mamíferos durante la reproducción, sino que puede ayudar a formar y mantener relaciones sociales entre diferentes especies, como en este caso entre humanos y perros.

 

Fuente: Sarah Romero (Revista Muy Interesante) 10/06/2014

 

El perro se convirtió en el mejor amigo del hombre por la alimentación.

Tras comparar el genoma de los perros domésticos con el de los lobos, de quienes es probable que se separaran evolutivamente hace unos 10.000 años en algún lugar de Asia, un equipo de investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia) ha descubierto que la domesticación del perro fue posible gracias a la evolución de su aparato digestivo que le permitió ingerir una dieta rica en almidón, más parecida a la de los seres humanos.

Según publica la revista Nature, los investigadores analizaron secuencias del genoma que muestran clara diferenciación entre ambos animales, y llegaron a la conclusión de que los perros evolucionaron para adaptar su sistema digestivo a una dieta rica en almidón (el carbohidrato más importante en la alimentación humana), que el intestino canino es capaz de fragmentar en azúcares que circulan por su sangre. “El gen de la amilana, la primera enzima que interviene en la digestión del almidón, tiene muchas más copias en los perros que en los lobos”, explica Erik Axelsson, coautor del trabajo. “Esto fue crucial para que los primeros canes subsistieran a base de vegetales y cereales”, añade. De acuerdo con los científicos, los resultados muestran que la domesticación canina estaría conectada con el desarrollo de la agricultura, y que fue en los primeros asentamientos humanos donde aparecieron también los perros.

Además de la adaptación en el sistema digestivo, los científicos han hallado diferencias en genes que afectan al desarrollo del cerebro del perro, y que podrían explicar por qué el comportamiento de “el mejor amigo del hombre” es tan diferente del de sus parientes más cercanos, los lobos salvajes. “Para adaptarse a una vida cerca del ser humano, para estos animales fueron igual de importantes los cambios en la dieta que los cambios en el comportamiento”, subraya Axelsson.

Fuente: Elena Sanz (Revista Muy Interesante) 25/01/2013

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